EL Cusco El ombligo del mundo

Por Julio Llerena

October 20, 2018

Cuenta la leyenda que los hijos del Sol salieron del Lago Titicaca -el más grande del mundo- en busca de un lugar para levantar su reino, y luego de mucho andar encontraron esa tierra en el Cusco.

Cuenta la leyenda que los hijos del Sol salieron del Lago Titicaca -el más grande del mundo- en busca de un lugar para levantar su reino, y luego de mucho andar encontraron esa tierra en el Cusco.

Muchas cosas en el Perú se explican mejor con mitos y leyendas, y esto es algo que entienden muy bien quienes visitan hoy lo que fue el corazón del Imperio de los Incas. En realidad, el corazón del mundo: la palabra quechua “Cusco” significa nada menos  que «ombligo del mundo», el centro de la creación.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983 y Capital Arqueológica de América en 1932, Cusco se ubica a 3,300 metros sobre el nivel del mar, de modo que lo primero que el turista sentirá será una ligera falta de aire, cuyos efectos se contrarrestan caminando lentamente, comiendo y bebiendo cosas ligeras y durmiendo unas cuantas horas el primer día.

En cuanto esté listo para pasear, lo primero que debe hacer es caminar por la ciudad. Su insólita arquitectura llamará su atención de inmediato. En lugar de construir muchas de sus casas e iglesias desde los cimientos, los conquistadores españoles lo hicieron sobre las construcciones originales de la ciudad. Sin ir muy lejos, la Plaza de Armas es una combinación de calles empedradas, construcciones coloniales y muros prehispánicos que conviven, como diría la canción, in perfect harmony.

Cusco es uno de los centros turísticos más importantes del Perú y Sudamérica, y en la actualidad está perfectamente adaptado a las demandas de, aproximadamente, 1.2 millones de visitantes al año. Transporte cómodo, ornato urbano, buenos restaurantes, servicios médicos y hoteles de todos los precios son ya parte de la vida cotidiana local.

Cuando los españoles llegaron al Cusco en 1534, debieron de encontrarse con una ciudad que desafiaba la lógica de las edificaciones occidentales. Por ejemplo, en el pasaje Hatum Rumiyoc, usted encontrará la famosa “piedra de los doce ángulos”, que es la mayor curiosidad de lo que alguna vez fue el palacio de Inca Roca. En lugar de ser dividida en varias partes, esta piedra fue tallada pacientemente para acomodarse a la forma de las 11 rocas que la rodean. La larga pared donde reposa está hecha de rocas enormes y pulcramente talladas y pulidas, que le darán una idea rápida de la sofisticación arquitectónica incaica.

Muy cerca de allí está Sacsayhuamán, una edificación de piedra de cinco siglos de antigüedad. De acuerdo con el cronista Garcilaso de la Vega, construirla tomó entre 50 y 70 años, y es fácil adivinar por qué. Algunas piedras miden hasta cuatro veces la altura de un individuo de estatura normal, y están tan perfectamente engarzadas entre sí que es más fácil pensar que fue un ejército de superhombres el que las puso en su lugar. Para tomar en cuenta: el 24 de junio se celebra en Sacsayhuamán el Inti Raymi, o Fiesta del Sol, donde se recrea la ceremonia de adoración al dios Sol que se celebraba en el Cusco durante el incanato.

Muy cerca de la Plaza de Armas, caminando por el Callejón de Loreto, encontrará el Koricancha -o Recinto de Oro, un templo adonde antiguamente solo podían entrar el inca y los curacas, y que estaba destinado a la             adoración del “Inti”.

Visitar esta ciudad es meterse en un libro de historia cuyas páginas más dramáticas se escribieron, probablemente, en Machu Picchu. Descubierta por el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham en 1911, Machu Picchu es una ciudadela realmente asombrosa. No se sabe a ciencia cierta para qué servía ni por qué los españoles no escucharon nada de ella cuando llegaron al Perú. Tuvo gran actividad hasta mediados del siglo XV y, de pronto, fue abandonada, no se sabe por qué. Lo que es seguro es que era un lugar de enorme prominencia, probablemente un lugar de retiro para el Inca.

A pie, queda a solo cinco días del Cusco, y usted puede, si desea, tomar esa ruta, conocida como “Caminos del Inca”. Sin embargo, la forma más común de llegar a Machu Picchu es por tren. El pasaje bordea los 50 dólares para extranjeros, pero vale la pena por su comodidad y por estar acondicionado con grandes ventanales para contemplar el maravilloso paisaje. Sale muy temprano del Cusco, y le recomendamos ser puntual: el tren parte a las seis de la mañana y no espera a nadie.

Una vez que llegue a la ciudadela, se encontrará con las imágenes que, seguramente, ha visto muchas veces en fotografías y videos. Pero nada se compara con el hecho de estar ahí. (Dicho sea de paso, el viaje a Machu Picchu será un descanso para sus pulmones. Las ruinas quedan a mucho menos altura que el Cusco y podrá respirar con bastante comodidad).

¿Cómo Machu Picchu se mantuvo olvidada por más de cuatro siglos? Esta pregunta sigue siendo un misterio de los tantos que el Cusco esconde y que hacen volar la imaginación del turista. En un rincón de la ciudadela, por ejemplo, usted encontrará el Intihuatana, que es una escultura monolítica que servía para medir el paso del tiempo. En otras palabras, un reloj de piedra. Hasta hace algunos años era posible trepar hasta la cima del Wayna Picchu, la montaña verde que se ve detrás de las ruinas en las fotos. Hoy su acceso está muy restringido. Pero no se preocupe: pese a esto, usted tendrá mucho que ver y muchas fotos que tomar en esta joya del ombligo del mundo.

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