Dámaso Pérez Prado El Rey del Mambo

Por Néstor Proveyer

October 20, 2017

Cuando José Dámaso Pérez Prado, arreglista, pianista, compositor y director de orquesta, moría a los 73 años en la ciudad de México, dejaba no solo el trono del  Mambo, sino una impronta que lo sitúa como uno de los...

Cuando José Dámaso Pérez Prado, arreglista, pianista, compositor y director de orquesta, moría a los 73 años en la ciudad de México, dejaba no solo el trono del  Mambo, sino una impronta que lo sitúa como uno de los músicos más universales y abarcadores del siglo pasado.

Nacido en la ciudad de Matanzas, Cuba, un 11 de diciembre de 1916, tuvo una sólida formación musical bajo el patrocinio de su padre, el maestro Rafael Somavilla quien lo lleva a conocer desde los clásicos europeos, pasando por Beethoven y Bach, hasta los complejos sonoros de la música afrocubana.
Se trasladó a la Habana donde actuó con diferentes agrupaciones hasta que en 1942, su amigo, el cantante Orlando Guerra (Cascarita), lo presentó en la orquesta de sus sueños: La Casino de la Playa, dirigida por Luduvino Pereira. Allí no solo tocó el piano sino que se convirtió en su arreglista por excelencia, experimentando con las sonoridades cubanas conocidas hasta entonces y también con el jazz norteamericano.

Pero otras luces de neón reclamaban la genialidad de Pérez Prado y se embarcó para México en noviembre de 1948 donde lo recibieron los cantantes Kike Mendive, Benny Moré y la gran vedette Ninón Sevilla, quien no solo le ofreció, también lo introdujo en el cine, uno de sus grandes cómplices para el éxito.

Inmediatamente formó una agrupación a la que nutrió con la sección de metales de jazz band norteamericanas y le incluyó la percusión cubana en la sección rítmica, el maridaje perfecto de mar y tierra para un bocado único llamado mambo que enloquecería a todo el mundo. Teniendo su traducción creativa, en el sencillo sacado en diciembre de 1949, que contenía, en la cara A Qué rico mambo y en la cara B Mambo No 5, los índices de venta marcaron la astronómica cifra de cuatro millones de copias.

Después de estos números asombrosos, la paternidad del mambo se multiplicó sustentada por los propios músicos y musicólogos. Todos los caminos llevaron al mambo, vocablo que musicalmente existía desde los años 30, de la mano de los extraordinarios músicos Arsenio Rodríguez con sus percutidos diablos o mambos por un lado y por el otro los hermanos López con su danzón - mambo, llamado después Ritmo Nuevo. Pero  aun así, también  todos los caminos apuntaron a ceñirle la corona del mambo a Pérez Prado, quien no lo inventó, solo tomó el vocablo y lo renovó cual orfebre musical, tanto en lo instrumental como en la melodía. Enfiló a los saxofones, inexistentes en el son y en el danzón, para fusionarlos con la percusión cubana bajo la libertad armónica del jazz. Así, vestido de lujo por Dámaso Pérez Prado, el mambo salió de México a conquistar el mundo, comenzando un frenesí que aún perdura: la mambomanía.

Dámaso Pérez Prado no solo fue el mayor difusor del mambo a nivel internacional, sino su cabeza visible. Trabajó en 122 películas; algunas como actor, arreglista y  compositor. Con algunas de ellas, como La Dulce Vida (1960), del genial director italiano Federico Fellini, logró su mayor esplendor. En 1951, cuando se instauraron los Discos de Oro en México, Pérez Prado lo ganó con su orquesta, y compartió el reconocimiento con figuras como Pedro Infante y Luis Alcaraz, entre otros.  Ese mismo año viajó por primera vez a Estados Unidos con una gira por la costa oeste, lo que sería memorable como su impronta definitiva en ese país.

Pérez Prado fue quien moldeó definitivamente a la gran figura que fue Benny Moré Ambos dejaron 24 grabaciones que aún perduran en la memoria sonora universal, y se destacaron con el lúdico tema Amor Karabali.

Hay otras genialidades musicales fuera del mambo del matancero que por sí solo bastarían para situarlo en la vanguardia musical de su generación, son ellos, por solo citar algunos ejemplos, su colaboración con la cantante Rosemary Clooney en el tema A touch Of Tabasco like a Woman (1959), el disco Woodoo Suite (1954), grabado en los estudios Radio Records de Hollywood y producido por Hernán Díaz Jr. y con la colaboración del gran músico norteamericano Shorty Rogers. También destacan Exotic Suite de las Américas (1962), también producido por Hernand Díaz Jr. y distinguido como un disco cinco estrellas con estructura de concierto y siete movimientos. Por último se encuentra Concierto para Bongó, grabado en 1965 en un concierto de Pérez Prado en México D.F.

Su partida de México hacia La Habana en 1954, propició múltiples versiones sin confirmar. Algunas van desde que quiso interpretar el Himno Nacional mexicano a ritmo de mambo hasta que tuvo problemas de faldas y envidias de músicos. Lo cierto es que no regresó hasta 11 años después procedente de Estados Unidos, donde había continuado su rutilante carrera.

Suena en la vitrola universal de la nostalgia un mambo, un arpegio de sonoridades siempre nuevas., Llega su Rey Midas, José Dámaso Pérez Prado, y vuelve a ceñirse su corona.

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