Vivir para contarlo, 60 años después de Playa Girón
Por Omar Claro
August 1, 2021

Amado Cantillo Ugarte heredó de su padre no dejarse avasallar por los contratiempos. Incluso, contrario a los deseos de su progenitor que prefería verlo con el título de abogado, doctor o ingeniero, apostó por convertirse en un militar de carrera como él para cumplir el sueño de liberar a su tierra: Cuba.

Más allá de su formación como piloto de combate no fue admitido en el personal de la fuerza aérea de la Brigada 2506. Tampoco en la infantería. “Intenté con algunos amigos brigadistas, pero las puertas seguían cerradas. Había cierto puritanismo entre los líderes en la selección del personal”.

Ser hijo del mayor general Eulogio Cantillo Porras, jefe de la división de infantería General Alejandro Rodríguez Velasco y jefe de la zona de operaciones de Bayamo del Ejército Constitucional, pesaban en la decisión. Pero este cubano, que nació en 1938 y creció en el Bronx junto a su madre y luego viajó de vuelta a La Habana para reencontrarse con su padre en 1957, tenía bien definida su postura en aquel Miami de los 60: ingresar en la brigada a cualquier precio.

A través de un tío paterno fue presentado a Renato Díaz, oficial de la Marina de Guerra del Ejército Constitucional. Finalmente sería aceptado en el rol de hombre rana. “Una docena de hombres nos trasladamos hasta la isla de Vieques desde Miami por vía marítima. Establecimos el campamento en tiendas de campaña frente al mar y oficiales estadounidenses nos pusieron al tanto en las técnicas de desembarco, demolición submarina y patrullaje que incluía explosivos, termita y TNT bajo el agua desembarco y patrullaje”, relató.

Cuando comenzaron a abrir las cajas de madera que contenía el material para los ejercicios -patas de rana, aqualón, esnorkel, cuchillo, subfusil M3, Browning Automatic Rifle (BAR) y una cantimplora- los jóvenes brigadistas hicieron un descubrimiento muy sugerente, un cajón repleto con cajas de preservativos. Enseguida surgió la hilaridad entre aquellos veinteañeros que ya imaginaban alternar los entrenamientos con un poco de diversión en Vieques.

Un oficial estadounidense -dijo Cantillo- aclaró el asunto. Los preservativos serían utilizados únicamente para proteger el material de guerra a los efectos de la humedad.  

Tras dos meses de entrenamiento, el grupo se redujo a 11 hombres rana y se trasladó hacia el estado de Louisiana, donde los esperaba el capitán Grayston Lynch. El también agente de la CIA sería una figura clave en la preparación y desembarco de la brigada de asalto 2506 en el teatro de operaciones. Cantillo y Lynch iniciaron una sólida relación profesional y de amistad que se extendió hasta el fallecimiento de este último a los 85 años.

“Mi esposo sentía un enorme orgullo de haber participado en Bahía de Cochinos”, dijo Karen Lynch, “y sobre todo de su amistad con Cantillo”. Juntos cumplieron misiones en Cuba, el Congo, Nicaragua o Miami. “Siempre estaba ahí cuando se necesitaba algún voluntario”, recordaba mi esposo cuando se refería a Cantillo.

Antes de morir, Grayston Lynch escribió Decision for Disaster: The Battle of the Bay of Pigs, una de las mejores obras en cualquier idioma que haya abordado los retos y las interioridades de la brigada. Un testamento que enaltece la valentía de los entonces jóvenes brigadistas.

La primera misión del Capitán Cantillo en Girón consistía en desembarcar el Estado Mayor de la Brigada, y lo hizo con éxito en Playa Verde, tal como estaba planeado. “Yo tenía la orden de que Manuel Artime Buesa, jefe civil de la brigada de asalto, se quedara a bordo. Tienes que matarme primero. Tuve que darle la bienvenida a bordo”, recuerda.

Los hombres rana jugaron un papel esencial en la invasión. En cierto momento interceptaron un barco de velas cerca del teatro de operaciones con seis hombres a bordo. Cantillo empuñando una pistola calibre 45 abordó la embarcación. “Entramos a nuestra patria no para hacerle ningún daño a ustedes, sino para derrotar el comunismo”, dijo Cantillo.

Durante las primeras horas el teatro de operaciones favoreció a los brigadistas que lograron establecer una punta de playa. Pero al final de la tarde las tropas de Fidel Castro tomaron el control, había milicianos y soldados por todas partes. “Tuvimos la mala fortuna de que algunos de nuestros barcos con equipos de desembarco encallaron en las rocas”, recordó Cantillo.

En medio del caos, Cantillo fue uno de los que se brindó de voluntario para rescatar acompañado de otros dos colegas a cerca de 36 brigadistas que se mantenían entre el mangle, cerca de la playa, a merced del fuego enemigo. “En medio del caos -dijo Cantillo- tuvimos que enterrar a dos de nuestros compañeros caídos en combate”.

Al final del tercer día, cuando la marina estadounidense se ofreció para evacuar a los brigadistas, José Pérez San Román, jefe militar de la brigada, sentenció: “Jamás abandonaremos nuestra patria”.

Cantillo convirtió en realidad el sueño de levantar un monumento ubicado en el Miami Executive Airport a la memoria de los 14 pilotos (10 brigadistas y 4 pilotos voluntarios estadounidenses de la CIA) caídos en Playa Girón, homenaje solemne a nuestros héroes, escoltado de palmas reales y una réplica de un B-26 utilizado por la fuerza aérea de liberación en Bahía de Cochinos.

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PORTADA: Alejandra Molina
Director Creativo: Carlos Bauza
Fotografía: Rose Photo Studio

Artículos Edición Octubre 2021

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